Siempre, Fidel

Siempre, Fidel

Por Janet Rivera Álvarez

Estadista y revolucionario, siempre presente en la vida de los cubanos y en el pensamiento de la gente progresista del mundo, hombre de la historia que sigue dejando huella y cuyo pensamiento sigue traspasando fronteras.

Resulta muy difícil intentar escribir sobre una personalidad tan grande como Fidel Castro, muchos han descrito acerca de la vida y obra de este héroe latinoamericano y, a pesar de ello, han quedado vacíos tremendos.

¿Qué decir de Fidel, que junto con Raúl, el Che y otros patriotas, desembarcaron del Granma y cuando todo parecía venirse abajo, entre los cadáveres de los mejores hombres y las balas del enemigo logró ―junto con una docena de hombres― ganar la batalla?

Su poder estuvo en soñar con un mundo diferente y entregarse por completo a las causas que defiende: igualdad, honestidad, responsabilidad, solidaridad entre los pueblos. A través de la lucha revolucionaria, Fidel Castro rescató para el pueblo cubano su dignidad. El pueblo cubano es un pueblo preparado, culto y digno, que siente un enorme orgullo por su revolución, que quiere y respeta a sus dirigentes. Es el pueblo latinoamericano que elevó su moral, a grado tal, que no sólo ha sabido resistir la agresión permanente de los gobernantes norteamericanos, sino que en la vida real, los ha derrotado.

Cuba tiene hoy el mejor sistema educativo de toda América Latina, es la nación del mundo entero que dedica la parte más elevada del presupuesto nacional a la educación: 13 por ciento; tiene una de las tasas de mortalidad infantil más bajas y una de las más largas esperanzas de vida; cuenta con un sistema de servicios sociales que garantizan el acceso universal a la educación, a la salud, proporcionadas gratuitamente por el Estado; en 1961, la ONU declaró a Cuba, territorio libre de analfabetismo, es el único país de América Latina libre de desnutrición infantil, entre otros ejemplos más.

Hace casi seis décadas, este hombre robusto y barbudo, soñó con una realidad utópica para quienes no confían en la capacidad humana; hoy, el pueblo cubano acaricia con sus manos los logros de su revolución.

Así como Benito Juárez y Lázaro Cárdenas son tan admirados, queridos y respetados por los cubanos, José Martí y Fidel Castro lo son para los mexicanos. Con justa razón se dice que los pueblos se hermanan profundamente a través de sus héroes.

El Comandante, a quien su pueblo llama cariñosamente "El Caballo", sigue galopando con ansias de futuro. Tal vez el devenir haya pasado por su cuerpo, pero nunca por su espíritu que se sigue manteniendo fuerte.

Ese enemigo de los pueblos del mundo, -al que el pueblo cubano le ha soportado la mirada a pesar de tenerlo sólo a 90 millas de distancia- no ha podido con Cuba y su revolución, le seguiremos diciendo a Fidel, que Cuba, su pueblo, la vieja guardia y las jóvenes generaciones, nos han demostrado que con voluntad política y conciencia revolucionaria no hay enemigo invencible.

 

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