Transcultura

Transcultura

Por Tanja Sagredo

Actualmente, en México nos enfrentamos a uno de los momentos más difíciles de nuestra historia, esto no puede ser de otra manera si observamos el terrible desenvolvimiento de una crisis económica mundial que nos arrastra sin que, al parecer, podamos desafanarnos de ella. Es en este momento oscuro de nuestra andar, como humanidad, que tenemos que rescatar los avances a los que hemos llegado gracias a las ciencias, la tecnología, la cultura, el conocimiento liberador que nos brindan todas las esferas donde el hombre se estudia y estudia su entorno.

Uno de los papeles de la cultura es darle forma a ese contenido ideológico y darle participación en distintos recovecos de la vida cotidiana; ahora bien, si nuestra cultura no responde a nuestro pensamiento, y nos somete al pensamiento de otro que muy probablemente nos oprime, esa cultura tiene inmediatamente que dejar de existir, tarea la más complicada de todas las revoluciones, sin embargo, no imposible.

Vivimos en un país donde se ha desenmascarado, gracias a las iniciativas de un matrimonio entre gente del mismo sexo genital, cómo el pensamiento retrogrado y eclesiástico tiene un tremendo poder sobre la población y rechaza todavía en 2016, en pleno siglo XXI, a la gente que sostiene distintas orientaciones que las suyas, logrando que este repudio, junto con el rechazo que les provoca una mujer decidiendo sobre su cuerpo, su vida y su maternidad, tengan repercusiones en las leyes y acciones legales en todo México.

Es preocupante, y es necesario tomar decisiones urgentes para integrar a nuestra vida social a la gente que antes que pensar en hacer cualquier revolución, está pensando en lograr sentirse integrada de una manera medianamente normal a la vida cotidiana, cosa de la que nosotros no tenemos que ocuparnos de manera tan contundente.

Lograr esto, desde la cultura, implica normalizar lo que ha sido enrarecido, darle espacio en la vida cotidiana a la homosexualidad, lesbianidad y transexualidad; implica que nuestra ideología también los tome en cuenta a ellos y les dé una existencia nítida, libre de tabús e idealizaciones; implica que nuestros hijos tengan entre sus juguetes parejas del mismo sexo, parejas que no quieran tener bebés, personas que hayan decidido cambiar de sexo, de género, mujeres que hayan abortado con toda libertad.

No basta con darles derecho al matrimonio, cosa que tienen derecho a exigir y que les sea cumplida, el cambio está en darles espacio en nuestra vida y pensarlos, hacerlos visibles, y dar el paso de tener una cultura que sea una transcultura y que nos permita, a todos, vernos como seres humanos y ver el género como un performance, un juego al que jugamos todos los días muy independiente de nuestro sexo genital y no como una imposición inamovible que destruye la posibilidad en la imaginación, el sitio más poderoso de la conciencia, de que existe mucho más.

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