Ser youtuber, ¿por qué no?

Ser youtuber, ¿por qué no?

Por Tanja Sagredo

A la mitad andamos, con un pie en la tierra y otro en el mundo virtual. No negaremos nunca las grandes ventajas que ofrece a la vida cotidiana cada uno de los avances tecnológicos, pero (a estos fenómenos humanos debemos encontrarles un pero al menos) es necesario visibilizar los puntos ciegos y las desmembraciones sociales que este universo “paralelo” nos ofrece.

Youtube no logrará desplazar a la televisión sin embargo pregúntenle a cualquier pre-adulto de 21 o 22 años quién es su youtuber favorito y tendrán, necesariamente, una respuesta y un nombre de manera inmediata y si a esa pregunta le sigue otra que tenga que ver con si ellos hacen o harían videos para un canal de Youtube casi todos sin pensarlo responderán un categórico sí.

El problema principal no es la “libertad” de contenidos que podemos hallar o generar en este nuevo medio masivo, lo más grave está de nuevo en lo invisible; hacer un canal es relativamente fácil, puedes grabar videos con cualquier aparato (algunos dicen que hasta el celular es bueno) y subirlos, a través de tus otras redes sociales harás conocido tu canal y empezarás a tener seguidores y si llegas a un determinado número de los mismos: ¡Zaz!, empiezas a ver los beneficios económicos que te ofrece la plataforma, unos de ellos generados por la misma y otros por las marcas que se interesarán en ti y en que promociones sus productos.

Muy fácil. ¿No?

Lo que no se dice, y quizá convenientemente se calla para bienestar de los principales involucrados, es que al entrar en este flujo de publicidad prácticamente gratuita para las empresas te vuelves un empleado más que no goza de ningún derecho y mucho menos de alguna prestación.

Ser youtuber hoy exige un nivel de especialización bárbaro, con esto nos referimos a la importancia capital que tiene para tu crecimiento en la plataforma definir el carácter de tu canal y sus contenidos, las empresas no meten las manos por ti hasta que demuestras ser valioso para ellas, todo este recorrido solitario hasta la brillante meta exige una cantidad de trabajo que no es, ni por asomo, remunerada.

Los adolescentes incautos, por la moda y la ignorancia, se convencen de que es un futuro brillante y que vale la pena invertir en un equipo de iluminación y una cámara, pasar unos 20 o 30 minutos sentados frente a la cámara hablando de lo que todos hablan o mostrando lo que todos muestran y editar ellos mismos esos videos, cosa que les toma por lo menos una capacitación autodidacta de programas de video y horas sentados frente a la computadora trabajando, para que esto, que la mayoría hace por gusto o para divertirse, se convierta en su feliz trabajo y modo de sustento.

Está de más decir que se vuelven vendedores, mostradoras, etc., de las empresas; lo desolador es el convencimiento que estos veinte-treintañeros tienen, de que son completamente libres frente al mercado y de que han encontrado una manera lúdica y libre de vivir en un mundo que, cada día de manera más palpable, les deja dos opciones: luchar con sus ideas y su carne por cambiar el futuro, o someterse a los dictados psicópatas y asesinos que las relaciones económicas imperialistas toman y que se reflejan en su cotidianidad.

La juventud, la etapa en la que los seres humanos somos más fuertes física y emocionalmente, está siendo robada y ellos, los jóvenes, no ponen ninguna resistencia. Ser youtuber... ¿Por qué no? Porque la vida está afuera y siempre nos alcanza.

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