Haciendo cultura

Haciendo cultura

Por Tanja Sagredo

Para mi hermano y su lucha contra el arte conceptual.

No podremos evitar ni lo queremos, que la idea de cultura esté relacionada íntimamente con las artes, es un matrimonio ya a estas alturas inevitable; sin embargo, sí deseamos que la palabra cultura se extienda hacía los rincones que han sido oscurecidos por su relación indisoluble con las siete musas.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DLE) una de las acepciones de cultura es: “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimiento y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etcétera.”

Como podemos percatarnos estos lugares que llenan las palabras científico, industrial, en una época, en un grupo y a la cual agregaremos en un lugar específico; son los espacios donde la palabra cultura se vuelve cercana y nos toca en el día a día.

Más interesante aún es la definición que encontramos de cultura popular, dice así: “Conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo.”

Hemos crecido acostumbrados y domesticados para pensar que el arte está lejos de nosotros, que la cultura, y por supuesto no por sus altos costos ni sus pretensiones europeizantes sino por nuestra apatía y desinterés, no tiene nada que comunicarnos y que somos “incultos” por el hecho de que vamos a museos y salimos confundidos y frustrados de ellos.

La cultura es una palabra que han secuestrado los museos, los galeristas y el gobierno neoliberal para lucrar con ella, para entregar generosos estatus y apoyos económicos a sus amigos y para ensordecer las expresiones auténticas de nuestro pueblo que, siendo reconocidas, nos quitarían de encima el estigma de ignorantes.

Como siempre, la parte más difícil es la que sigue, nos han robado y ahora ¿qué hacemos?

El primer paso será quitarnos las gafas de ciego y empezar a reconocer y nombrar lo que cada barrio en la ciudad y cada pueblo, ranchería, entre tantas otras formas de nombrar a la comunidad en la provincia; están haciendo por expresarse a sí mismas.

El pueblo está haciendo cultura y esa no está en los museos; lástima, habrá otros tiempos en los que retomemos los espacios para nuestra reflexión nacional y podamos hacer uso de ellos como nuestra gente lo necesite. Mientras esto sucede podemos iniciar la larga y fértil reflexión de dónde, cómo y qué está siendo nuestra verdadera cultura, dónde están los espacios donde realmente todos nos estremecemos, donde nuestro cuerpo y nuestra imaginación colectiva se activan y se unen, casi, gratuitamente.

Abrazar y hermanar, lo que nos da identidad y comunidad, es el primer paso para reconocer al otro, tanto en sus diferencias como en sus similitudes, y establecer verdaderos canales de comunicación donde los códigos y conceptos nos sean comunes y familiares a todos, sin ese momento de introspección comunitaria es imposible la transformación fructífera de la realidad.

Si transformar la vida para caminar a una sociedad sin clases es nuestro primer objetivo, empecemos entonces con la reflexión y salgamos a las calles a observar y a crear, que la capacidad creadora-transformadora es inherente a cada uno de nosotros por el simple hecho de ser humanos y vivir en sociedad.

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