Las raíces históricas del poema más antiguo que conocemos

Las raíces históricas del poema más antiguo que conocemos

Yadir Pérez Trejo

Cuando los antiguos griegos visitaron el mundo, más allá de sus fronteras, vieron con asombro un cúmulo de ciudades esplendorosas situadas entre los ríos Tigris y Éufrates; nombraron a esta región Mesopotamia (entre ríos). Seis mil años antes de nuestra era (a.n.e.), distintos pueblos comenzaron a poblar las cuencas de aquellos ríos; los griegos –sin saberlo– habían mirado las ciudades más antiguas de la humanidad: Babilonia, Uruk, patria de Gilgamesh y Shurupak, donde, según la biblia, ocurrió el diluvio universal.

El desarrollo económico de los primeros pobladores de aquellas tierras devino en un conjunto de ciudades-Estado autónomas entre sí, cuyo intenso intercambio comercial se basaba en el excedente agrícola de cada una de estas; el pueblo, rezaba su religión, fue creado por los dioses para producir, y la casta sacerdotal para organizar el trabajo y distribuir las riquezas que este genera. Los sumerios fueron la etnia dominante de tal red comercial; a ellos se debe el más antiguo sistema de escritura (cuneiforme): la escritura de caracteres sobre tablillas de barro, mediante instrumentos en forma de cuñas o clavos.

Este pueblo convivió especialmente con los acadios, cuya lengua forma parte de las lenguas semíticas (familia lingüística a la que pertenecen el actual hebreo y el árabe). Con el paso del tiempo, los acadios y otras etnias de lengua semita fueron mayoría en el territorio sumerio de Babilonia, y al parecer, quisieron mantener el legado cultural sumerio; entonces, recopilaron, copiaron, ordenaron y tradujeron al acadio los escritos y las tradiciones orales sumerias; acadios, asirios y babilonios reconocen a los sumerios como ancestros culturales.

El poema de Gilgamesh narra los acontecimientos trascendentales, históricos y sobrenaturales de Gilgamesh. Antes de ser personaje de una epopeya, Gilgamesh fue un ente histórico que se transformó en leyenda cuando la memoria del pueblo sumerio quiso retener los hechos reales y las situaciones sociales que su ideología filtró e interpretó como signo y reflejo de acontecimientos del mundo sobrenatural que regía su existencia, para dotar de identidad, orden y sentido a su presente histórico en favor de la clase en el poder (el pueblo no escribía).

Cuatro mil años antes de nuestra era, el crecimiento y la expansión de aquellas ciudades inauguró una era de choques bélicos que terminaría con el dominio total de Sumeria por la ciudad que fuese victoriosa. Kish fue la primera ciudad hegemónica, aunque aún debía vencer a la potente Uruk para afianzar el dominio de sus caudillos; al interior de sus murallas asediadas, el consejo de ancianos planeaba rendirse sin contar que en uno de sus barrios; Gilgamesh, caudillo del pueblo, conducía a los jóvenes guerreros a romper el cerco y derrotar al ejército de Kish: Gilgamesh, victorioso, se hizo del poder de toda Mesopotamia.

El héroe se transformó en leyenda; entonces libró batallas contra monstruos terroríficos a petición de la diosa Innana; por ejemplo, desalojó a tres monstruos (Imdugud, Lilith y una serpiente) que anidaban en el árbol del cual ella haría su trono; en recompensa, la diosa le brinda un juego de armas –hecho de la misma madera que su escaño– con las que gobierna Mesopotamia. Asimismo, Gilgamesh contempla unos cadáveres que flotan sobre el Éufrates, y comprende el carácter efímero de la vida humana, por lo que decide trascender mediante la fama, forjándose un nombre eterno. Las diversas leyendas en torno a Gilgamesh consisten en parábolas de tareas diversas que son propias de los reyes, como mandar traer madera para erguir construcciones monumentales que afirmen su prestigio, o bien, combatir al toro del cielo que fue enviado para destruir Uruk, tras desairar Gilgamesh a Innana, metáfora esta de la revancha que, probablemente, intentó la vencida ciudad de Kish.

Finalmente, los literatos babilonios despojaron a las leyendas sobre Gilgamesh de todos los elementos que no correspondían a la idea del héroe que convino al nuevo poema; introdujeron y velaron elementos que unificaron la serie de leyendas, afectando así la forma y el fondo de las mismas, por lo que nos es lícito considerar al poema acadio, plasmado en once tablillas de arcilla, como una obra nueva que centra su atención en la expedición al Bosque de los Cedros y en el combate al Toro del Cielo.

El texto más completo, aunque mutilado, del poema de Gilgamesh, fue encontrado en las ruinas de Nínive (Iraq), no hace más de cien años; también se hallaron distintas copias del mismo en sitios tan lejanos como Palestina y Siria, por lo que se deduce que existía una versión que se copiaba fielmente, aunque cada una de las copias presentan variaciones mínimas, de detalle, que se atribuyen a equívocos de los copistas. Esta se conoce como versión estándar y data del año 2,000 a.n.e. Sin embargo, la versión más antigua del poema tiene cuatro mil años de antigüedad; recibe los nombres de versión antigua, tardía o paleobabilónica; esta cuenta con una amplia difusión y numerosos fragmentos divergentes en ediciones distintas, lo que consiste el sustrato de la versión estándar, y es el vestigio que nos permite reconstruir el proceso que siguieron los escribas babilonios para elaborar el poema de Gilgamesh.

Por medio de este garabato los invito a leer el poema babilonio Gilgamesh, que por primera y única vez, hasta ahora, tradujo Jorge Silva Castillo directamente de la lengua (muerta) acadia al español. Aquí su ficha bibliográfica: Silva Castillo, Jorge. Gilgamesh o la angustia por la muerte. Poema babilonio. México. El Colegio de México. 1994. 230 pp.

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