El cambio que nada cambió

El cambio que nada cambió

Por Juan Campos Vega

Vicente Fox Quesada (2000-2006), que durante su campaña se presenta como el abanderado de la Alianza por el Cambio, integrada por el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), asume la Presidencia de la República y se compromete a realizar una política opuesta a la puesta en práctica por el Partido Revolucionario Institucional (PRI). De ahí derivan sus compromisos de campaña:

—Hacer crecer la economía siete por ciento anual, generar un millón trescientos mil empleos al año, combatir el subempleo y la informalidad laboral, aumentar el poder adquisitivo de los mexicanos, y democratizar la economía mediante oportunidades para todos, en todo el país.

—Diseñar una política social de largo plazo, aplicar medidas que disminuyan la pobreza en el corto plazo, generar oportunidades de empleo en las zonas más rezagadas y marginadas, eliminar los factores que provocan la transmisión generacional de la miseria, integrar las políticas económicas y sociales para lograr crecimiento con equidad, y garantizar el acceso a infraestructura social básica.

La política de Fox, no se diferencia de la aplicada por los anteriores gobiernos neoliberales del PRI, y genera los siguientes resultados:

—El promedio anual del crecimiento económico de su gobierno, 2.34 por ciento, solamente es superior al de Miguel de la Madrid (1982-1988), sensiblemente inferior al de los gobiernos previos al neoliberalismo, de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), Luis Echeverría (1970-1976), y José López Portillo (1976-1982), inclusive inferior al de los neoliberales Carlos Salinas (1988-1994) y Ernesto Zedillo (1994-2000).

—No abate el rezago laboral ni el subempleo ni el empleo informal que aumentan en forma sistemática. Del millón 300 mil plazas laborales creadas, 900 mil fueron eventuales.

—El poder adquisitivo de la mayoría también se redujo, porque el incremento del salario es menor al de los precios; además, un porcentaje elevado de los que trabajan obtienen bajos ingresos, en 2006, 83 por ciento de la población ocupada ganaba menos de 5 salarios mínimos.

—La democratización de la economía, es aún un sueño lejano. Mientras en la Ciudad de México el ingreso anual supera 16 mil 500 dólares y en Nuevo León 11 mil 62 dólares, en Oaxaca es de apenas 2 593 dólares. En cuanto a la distribución de la riqueza, se benefician los mismos: el gran capital nacional y extranjero, y los gobernantes corruptos.

Los resultados positivos no se deben a sus políticas, sino a la acción de otras instituciones y actividades, pero que Fox presume como si fueran propios.

—La reducción del promedio anual de la inflación ya no fue tarea del gobierno, sino del autónomo Banco de México (Banxico), que se encarga, por mandato legal, de proteger el valor de nuestra moneda. Lo negativo de su “autonomía” es que sus políticas obedecen más a los mandatos del Fondo Monetario Internacional (FMI), que a las necesidades del país, lo que explica que el control inflacionario se haya logrado limitando aún más el escaso crecimiento al reducir la inversión productiva del Estado, y empobreciendo aún más a la población al reducir el presupuesto social para educación y salud.

—Al concluir el sexenio, un dólar cuesta 11 pesos. Esto fue posible, porque en los últimos cuatro años, el precio internacional del crudo es alto, y permite obtener recursos excedentes por 719 mil 53 millones de pesos, para evitar mayor depreciación del peso.

—La reducción de la deuda bruta externa es propaganda mediática, porque no se logra canalizando los excedentes petroleros para disminuirla, sino mediante el cambio de deuda externa por interna. Al final del sexenio, el endeudamiento del gobierno aumenta 603 mil 727 millones de pesos.

El gobierno del cambio, nada cambió.

 

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