Foxismo: un cambio para que todo siga igual

Foxismo: un cambio para que todo siga igual

Por Juan Campos Vega

Además de incumplir sus promesas de crecimiento económico, más y mejores empleos y aumento de salarios, el presidente Vicente Fox, también incumple otros compromisos de campaña, como asegurar el acceso a la educación a niños y jóvenes marginados; establecer equidad educativa mediante un sistema nacional de becas y financiamiento; elevar el nivel y la calidad del sistema educativo; mejorar las condiciones del trabajo magisterial, y proporcionar capacitación permanente.

En resumidas cuentas, el gobierno foxista-yunquista —varios de sus integrantes son miembros de esa organización de ultraderecha— no realiza las reformas necesarias para que los aspectos que permiten una vida digna se conviertan en realidad ni siquiera avanza en el cumplimiento de proporcionar lo que señala la Carta Magna como derechos de los mexicanos: educación, salud, trabajo, vivienda y otros satisfactores similares.

Tampoco cumple su ofrecimiento de desaparecer algunas de las causas que caracterizan a la pobreza, como incrementar el empleo en las zonas más pobres, e integrar la política económica con la social

Es evidente que no logró generar oportunidades de empleo en las zonas más rezagadas y marginadas si ni siquiera pudo hacerlo en los grandes centros urbanos. Tampoco integró las políticas económicas y sociales para obtener crecimiento con equidad, si la economía no creció. Menos pudo garantizar acceso a infraestructura social básica para todos si el presupuesto social fue cada vez más raquítico, y su política social no fue capaz de corregir ni siquiera alguna de las desigualdades existentes entre la población.

Si se realizan análisis en otras áreas como salud, cultura y deporte, por hablar solamente de algunos aspectos importantes, los resultados serán similares: menor nivel de la prestación del servicio y tendencia creciente a la privatización.

Los resultados del gobierno foxista son los siguientes:

—La deuda externa desciende a 54 mil 766 millones de dólares, pero la interna se incrementa a un billón 741 mil 408 millones de pesos, por lo que la deuda total del sector público federal aumenta a 214 mil 807 millones de dólares, 21.7 por ciento del producto interno bruto (PIB).

—La inversión extranjera directa suma 142 mil 071 millones de dólares; la estadounidense es de 77 mil 625.0 millones de dólares (54.6 por ciento), y la española de 21 mil 78 millones de dólares (15.3 por ciento), ambas del total de la inversión en el sexenio, pero la última, alcanza su nivel más alto en la etapa posterior a la revolución mexicana.

—El promedio anual del PIB refleja un crecimiento insuficiente de 2.34 por ciento.

—El desempleo que mide el porcentaje de la población económicamente activa (pea), de 14 años y más, se incrementa.

—El salario mínimo real sigue perdiendo poder adquisitivo, aunque mínimamente; pasa de 23.61 a 23.36 por ciento, respecto del que se tenía en 1976, año en el que se obtiene el poder adquisitivo más alto.

—La inflación ya no crece mucho, la tasa promedio anual es de 4.96 por ciento, y durante el sexenio la acumulada es de 29.78 por ciento.

—En cuanto al tipo de cambio, inicia su sexenio con una equivalencia de 9.36 pesos por dólar y concluye su gestión cuando un dólar cuesta 10.88 pesos, el incremento es de 16 por ciento.

Todo demuestra que el gobierno foxista mantuvo los aspectos más negativos que iniciaron los gobiernos priístas a partir de Miguel de la Madrid, y obtuvo consecuencias similares también, al continuar aplicando el proyecto neoliberal dependiente del imperialismo, mediante la profundización de las políticas impulsadas por los organismos financieros internacionales al servicio del capital externo.

Además, mantuvo el nepotismo y la corrupción gubernamental característica de los peores gobiernos priístas.

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