El TLCAN y los intereses de México

El TLCAN y los intereses de México

Por Juan Campos Vega

En 1993, el entonces presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, decía que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) tenía el propósito de incrementar el comercio entre los países integrantes (Canadá, Estados Unidos y México).

Ese objetivo se ha logrado; en veinte años, las exportaciones se han multiplicado por siete y han crecido en una proporción semejante las importaciones; también la inversión extranjera directa (IED) que se duplicó en el mismo lapso. Pero el impulso inicial del comercio y la inversión externa se ha desacelerado considerablemente desde 2001.

El incremento del comercio internacional tiene aspectos positivos, pero en el caso de México tiene aspectos negativos: tanto importaciones como exportaciones se realizan mayoritariamente con Estados Unidos; es decir, nuestro comercio internacional no está diversificado, dependemos de un solo mercado, y las principales empresas exportadoras son filiales de monopolios extranjeros, por lo que sus ganancias no se reinvierten en México, también se exportan a su país de procedencia.

En cuanto a la IED, nadie en su sano juicio se opondría a la presencia del capital extranjero en un país como México, necesitado de capital; lo negativo es que también sea mayoritariamente estadounidense —lo que acrecienta nuestra dependencia de ese país—, y lo criticable es que se permita el ingreso de la IED sin condición alguna.

En la actualidad, la mayor parte de la IED no se orienta a crear nuevas empresas ni a traer nuevas tecnologías, sirve para comprar empresas productivas y de servicios —estatales y privadas— ya establecidas; previamente, exige que se saneen, es decir, que se despida personal, y como colofón, sus operaciones de compra, así sean de miles de millones de dólares, están exentas de impuestos.

Respecto del impacto económico y social del TLCAN en México, Salinas afirmaba que serviría para lograr: a) un crecimiento económico sostenido, b) más y mejores empleos, c) aumento del salario real, d) reducción de la migración hacia Estados Unidos —porque pretendía exportar bienes, no personas—, y e) reducción de las brechas entre el desarrollo de México y el de sus principales socios comerciales.

En 2014, al cumplirse veinte años del TLCAN se evaluaron las promesas salinistas, con el resultado siguiente:

a) La economía mexicana no ha crecido lo necesario; y ha tenido resultados negativos cuando hay recesión o crisis en Estados Unidos: en 2001, en EE.UU. duró unos meses, aquí casi 3 años, y en 2008, se tradujo en una disminución del producto interno bruto (PIB) de 6%.

b) El empleo no ha crecido ni ha mejorado, más de la mitad de los que trabajan está en la economía informal —sin contrato, prestaciones y servicios de salud— y las condiciones laborales cada vez son peores.

c) La mayor parte de los asalariados gana hasta tres salarios mínimos (SM). El SM de México, en 1992, equivalía a 12% del estadounidense; en 2013, solo equivalía a 8%.

d) En 1990, había en Estados Unidos 4 millones 400 mil mexicanos; para 2011, superaban 11 millones 700 mil, crecieron 165%.

e) La pobreza de 2012, es semejante a las de 1994: más de la mitad de los mexicanos son pobres, y de ellos, dos quintas partes viven en la miseria.

Los principales beneficiarios del TLCAN son los monopolios extranjeros, aunque Trump afirme que ha sido una catástrofe para su país, sus trabajadores y sus compañías.

En este contexto ¿Tiene algún propósito positivo la renegociación del tratado? Desde luego que no, México debiera asociarse con América Latina y el Caribe y diversificar su comercio con todos los países del mundo.

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