La CNTE: ¿Apartidismo y apoliticismo?

La CNTE: ¿Apartidismo y apoliticismo?

Por: Adrián García Enríquez.

Todo sindicato debe ser independiente de las organizaciones políticas, la iglesia y el Estado. Ese es un principio del movimiento obrero internacional y de un sindicalismo de clase. No hacerlo equivale a supeditar su actuar a los intereses de la institución a la que se subyugan. En este mismo sentido, debe rechazarse “la afiliación forzosa y obligatoria a cualquier partido”, tal y como lo reconoce la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), en su principio número 3.

En ese mismo orden de ideas el carácter mismo de todo sindicato impide la afiliación masiva y forzosa a determinada organización, en virtud de ser un frente único organizado para la defensa de los derechos laborales, profesionales y sindicales de sus agremiados, mismos que pueden o no tener una afiliación partidaria individual, pueden tener o no algún credo religioso y cuya única condición para pertenecer al mismo es ser trabajador de la rama o servicio correspondiente.

Todo eso justifica el no supeditarse a ninguna institución u organización. Es decir, en ese marco de referencia, la organización sindical debe ser apartidista restringiendo el término a la pertenencia a un partido político de los que legamente existen en México. La lucha por evitar esa supeditación debe ser permanente, así como para evitar darle al sindicato el carácter de un partido político al pretender hegemonizar una posición política e ideológica. En otras palabras, la organización sindical debe ser apartidista en esta doble vertiente: hacia afuera y hacia el interior. Si a un sindicato se le da el carácter de un partido político, se pervierte su esencia y se desvía peligrosamente.

Por otro lado, en cuanto al apoliticismo, la CNTE lo combate, tal y como lo plantea en su principio número 9, cuando asienta: “…Combate el apoliticismo y reconoce que el destino histórico de la humanidad es la sociedad sin explotados ni explotadores.” (Subrayado mío). Con esta consideración se entiende, entonces, que todo el accionar de la CNTE se enfila hacia la lucha política; pero como una coordinación sindical no puede cumplir con la misión de tomar el poder político dado que se encuentra acotada por su propio carácter sindical y, para esta tarea, se requiere de un instrumento político con cohesión política, orgánica e ideológica.

No obstante, lo anterior, desde un punto de vista clasista, toda organización sindical que se precie de ser democrática, debe asumir una posición ante los diferentes asuntos de la vida política que afectan a sus agremiados, de tal manera que ellos tengan elementos que les permitan definir su posición personal ante dichos asuntos.

Así las cosas, debe entenderse que , para realizar su lucha política, tal y como lo plantea la misma CNTE, en su principio 1: “No se niega ninguna forma de lucha y organización y sus posibles combinaciones, siempre que no se obstruya la educación de las bases, no rebaje su nivel político, su conciencia y su combatividad.” (Subrayo esta parte porque, a mi juicio, no está definido qué se entiende por cada una de las expresiones).

De acuerdo a eso, en esta coyuntura, la lucha electoral, como forma de lucha, no se descarta (al menos no se plantea lo contrario). En consecuencia, conservando el apartidismo de la CNTE, se debe combatir el pretendido apoliticismo de la misma en este proceso electoral, aprovechando esta forma de lucha, combinada con la movilización popular, para convertirla en una escuela preparatoria rumbo al cumplimiento del destino histórico de la humanidad: la sociedad sin explotados ni explotadores, tal y como lo plantean en sus mismos principios ya señalados líneas arriba,

No hay, pues, contradicción alguna en la posición de apoyo al Proyecto Alternativo de Nación, propuesto por AMLO, y el apartidismo e independencia de la CNTE. Al contrario, es el cumplimiento cabal de lo que la propia organización tiene establecido.

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