Qué tipo de mexicano debe formar la educación pública

Qué tipo de mexicano debe formar la educación pública

Juan Campos Vega

Ante las nuevas condiciones que se generan con el triunfo de López Obrador, debemos pugnar porque se revierta la orientación que los neoliberales han dado a la educación pública.

El problema principal de la educación, en cualquier etapa de nuestra historia, ha sido el de resolver qué tipo de mexicano se debe formar. Sobre esta base, debemos plantear que se deroguen las reformas neoliberales, y se retome la esencia y los objetivos incluidos en la reforma del artículo tercero constitucional de 1946, para que la educación pública:

• Sea ajena a cualquier doctrina religiosa.

• Desarrolle armónicamente todas las facultades del ser humano y le fomente el amor a la patria, y la conciencia de la solidaridad internacional en la independencia y la justicia.

• Se base en los resultados del progreso científico.

• Sea nacional ―sin hostilidades ni exclusivismos― para el aprovechamiento de nuestros recursos, la defensa de nuestra independencia política y el aseguramiento de nuestra independencia económica.

• Contribuya a la mejor convivencia humana mediante el respeto a la  diversidad cultural y el impulso a los ideales de fraternidad e igualdad de derechos, evitando el racismo y los privilegios por razones religiosas, o por intereses de grupos, sexos o individuos.

Además, es necesario:

• Suprimir la visión empresarial de “calidad” en la educación, y establecer las cualidades que deben tener las nuevas generaciones, para definir qué tipo de mexicano queremos formar, y para qué.

• Suprimir la educación orientada a producir mano de obra barata que sólo sepa leer, contar y obedecer, para instaurar una que prepare los cuadros técnicos, científicos y humanísticos que requiere el desarrollo económico, social y cultural del país, y de esa manera la convirtamos en arma de emancipación económica, política y social.

Para lograr esos objetivos, el nuevo gobierno debe retomar lo mejor de la experiencia educativa mexicana, con el fin de ponerla al servicio del pueblo y la nación. Así, podrá impulsar:

• La medicina en todas sus especialidades, para sentar las bases que garanticen la salud como derecho social.

• La educación normal para que recoja la riqueza de la experiencia pedagógica nacional, de la escuela rural y la aplique a las nuevas condiciones del país y del mundo.

• El sector industrial ―especialmente energético―, el agropecuario, las comunicaciones en todas sus modalidades, entre otras.

• La investigación científico-técnica, y las nuevas tecnologías, así como las ciencias sociales, etcétera.

Para impulsar este proyecto, se requiere proponer al nuevo gobierno que convoque a un Congreso Nacional de Educación en el que participe el magisterio, y  donde también se escuche a padres de familia y demás sectores de la sociedad.

El congreso deberá determinar planes y programas, pedagogía, didáctica, presupuesto, política salarial y derechos sociales y sindicales de  los trabajadores de la educación, y sus resolutivos tendrían que ser vinculantes, para que de ahí provenga la reforma jurídica y administrativa en materia educativa.

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