¿Qué valor tiene el trabajo en México?

¿Qué valor tiene el trabajo en México?

Nofret B. Hernández Vilchis*

 

No deja de sorprenderme que más de seis millones de mexicanos sobrevivan con el salario mínimo de 67.29 pesos diarios, o bueno, con dos o tres o cuatro salarios mínimos. En los últimos 10 años, ese salario no ha aumentado de acuerdo al incremento de la inflación ni del costo de la canasta básica. La semana laboral – legal – de un mexicano promedio es de 40 horas a la semana; la semana laboral – real – para el 23% de esos seis millones de asalariados es de 48 horas a la semana. En México la gente no sabe valorar su trabajo y por eso lo vende mal, claro también se malbarata el know-how por necesidad. Muchos jóvenes universitarios y profesionistas recién egresados terminan respondiendo llamadas en call-centers.

Sin embargo, yo me pregunto ¿cuántos de esos trabajos semi-informales y por outsorcing son realmente indispensables? ¿No resultan indispensables nuestros barrenderos y demás servicios de limpieza, nuestros plomeros, nuestros taxistas y conductores del transporte público en general para que el país funcione? Aquel que piense que estos son trabajos superfluos, lo reto a que se ponga a barrer las calles, o a que intente componer una tubería solo. ¿Y qué pasaría si los conductores de taxis y del transporte público deciden ponerse en huelga? Eso sería peor que cualquier manifestación, porque de verdad, nadie podría llegar a sus respectivos destinos. Bueno, a excepción de aquellos con coche que tengan el lujo de circular todos los días. Con las nuevas restricciones, en mayo se calculaba que al menos 1.7 millones de automóviles resultarían fuera de circulación, eso equivale al 30% del total de carros de la capital.

Lo más indignante de todo esto es que son precisamente esos barrenderos, plomeros, choferes, sirvientas y otros tantos oficios, quienes reciben una paga raquítica. ¿Por qué? Porque en México el clasismo nos consume y nos divide; nos divide en pobres y ricos, en blancos e indígenas, en privilegiados y sometidos. Porque en México no se conoce el valor del trabajo ni del esfuerzo. Porque en México una buena parte de tu éxito profesional depende de tus relaciones y no de tus méritos. Porque en México lo más importante es obtener el status y la protección que únicamente el dinero te pueden otorgar en una sociedad corrupta y racista hasta el tuétano. Porque en México “hacemos cómo que trabajamos, porque hacen cómo que nos pagan”. Porque en México la gente llega a almorzar a la oficina después de por lo menos dos horas de trayecto. Porque en México la gente está tan cansada que se queda dormida durante las dos horas de vuelta a casa, porque no le alcanzan las horas de sueño. Porque en México la mayoría de la gente cree que su valor como persona depende de lo que acumule en dinero y objetos materiales. Porque en México la única manera de encontrar reposo y aliviar el estrés, es bebiendo hasta perderse el fin de semana. Porque en México está prohibido enfermarse, embarazarse u accidentarse, pues se corre el riesgo de que otro pronto ocupe tu lugar.

En Francia ha habido enfrentamientos continuos desde el inicio de este verano para que sus horas semanales no rebasen las 35 y que no les aumenten la edad del retiro, entre otras exigencias al respeto de sus derechos laborales. En Chile también han salido a las calles para demandar que se incremente la pensión de los retirados; ésta se encuentra por debajo del salario mínimo mensual de un chileno promedio. En Estados Unidos las empresas están obligadas a aceptar adultos mayores como empleados a cambio de un salario digno. En Inglaterra están considerando tomar en cuenta el desplazamiento hacia y desde el lugar de trabajo como tiempo laborable que se debe pagar.

Y en México seguimos aceptando que nos paguen lo que sea, con tal de que nos den trabajo. No importa si no ofrecen seguridad social, pensión, ni pago de horas extras o ayuda de transporte. Abundan los trabajos informales porque es más fácil y más productivo poner un changarrito en la esquina de cualquier avenida concurrida que estudiar y encontrar trabajo formal; aunque ello impliqué no tener jamás la seguridad de un retiro digno. En México más del 50% de la población mayor de 60 años se ve obligada a seguir laborando para subsistir, mientras que nuestros políticos ganan salarios de lujo de por lo menos siete veces más el salario mínimo.

En México seguimos pagando el rescate bancario de la década de los noventa – FOBAPROA –, es decir salvamos de la ruina a unas cuantas familias a través de una deuda pública interna. Además, el gobierno de Enrique Peña Nieto se ha visto envuelto en escándalos financieros como sus repetidos y ostentosos viajes o su "Casa Blanca", al tiempo que la deuda del sector público ha aumentado de cinco billones a nueve billones de pesos en lo que va de su sexenio. Pero los mexicanos continúan soportando representantes que no viven en la misma realidad que ellos, que los consideran "proles".

Y luego nos sorprendemos que los policías prefieran recibir dinero de los traficantes de drogas, que los adolescentes terminen convirtiéndose en dealers y las adolescentes en narco-bellezas. No sólo les motiva el dinero – dinero fácil que de otra manera jamás tendrían en sus manos –, sino que el sistema los orilla a eso porque la sociedad mexicana no les está ofreciendo otras alternativas. Porque la sociedad mexicana está enviando el mensaje de que lo importante es tener dinero, sin importar los medios para conseguirlo; porque ser honrado no es rentable y no se valora el esfuerzo que requiere formarse para realizar un trabajo digno.

Los policías son el mejor ejemplo, no cuentan con una formación suficiente ni eficiente y su salario es una miseria; si llega un narco, le ofrece dinero y lo amenaza de muerte para que acepte encubrirlo, obviamente aceptará las condiciones que éste le imponga. Ahí, en la miseria de la ignorancia material y espiritual se encuentra el origen de la corrupción que nos quebranta. En México ni el policía se siente en seguridad y por si fuera poco, nadie los respeta; ser policía en México significa que no te "alcanzó" para llegar a ser más. ¿Qué sentido tiene ser policía en un país donde la inseguridad impera y la delincuencia dicta sus leyes?

Hace poco leí que el capitalismo crea trabajos inútiles, trabajos sin sentido para aquel que lo lleva a cabo. Esto crea un profundo sentimiento de vacío; tanto los policías, barrenderos, sirvientas, taxistas como nuestros jóvenes son testigos de ese sentimiento de vacuidad. ¿Cómo le pides a un joven que se conforme con seis mil pesos mensuales por seis días de trabajo en un call-center? ¿Cómo le pides a una criada que se sienta orgullosa de su trabajo si todos los días sufre la discriminación de sus patrones por ser pobre, "india" y "jodida"? ¡Vaya, ni siquiera cuentan con un contrato legal que las proteja!

Y el problema no es únicamente la enorme diferencia económica entre ricos y pobres en México; el problema es ese sentimiento de vacuidad y de impotencia, de denigración que surge de la incapacidad para gratificar económica y socialmente las horas dedicadas a limpiar nuestras avenidas, a cuidar nuestras calles, a tender nuestras camas, a remplazar nuestras tuberías, a manejar en medio del tráfico, a aprender. Mientras sigamos sin valorar y retribuir adecuadamente cada uno de los oficios en México, seguiremos incapacitados para solidarizarnos y condenados a vivir eternamente divididos en tres niveles: ustedes los de arriba, nosotros los de abajo y aquellos que por estar en medio creen que pueden dejar de ser los de abajo.


* La autora es profesora de asignatura de la Universidad Iberoamericana y de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Se dedica a la investigación por su cuenta y realizó su tesis doctoral sobre el proceso de profesionalización de los periodistas palestinos en la Universidad de Aix-Marseille.

Con información de Adriana Anguiano y Oscar Ávila de Milenio, José Virgilio Ordaz de Automóvil Panamericano, Juan Campos Vega de Liberación y Arturo Ascención de Expansión.

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