La herida invisible

La herida invisible

Por Tanja Sagredo

A los niños no se les pega.

México es una burbuja que todo el tiempo parece a punto de explotar. México se dedica a sembrar desaparecidos, descuartizados, mujeres, normalistas, campesinos, muertos de hambre, prostitutas, niños rellenos de algodón. México se ha convertido en sinónimo de violencia, de violencia normalizada, de violencia invisibilizada, de violencia sistematizada.

Ya no nos sorprendemos de vivir con temor, de tomar precauciones, de poner doble llave a nuestra puerta.

¿Dónde empieza la violencia?

Sin lugar a dudas, globalmente en la clase burguesa, en el minúsculo círculo de personas que poseen el mundo y que nos lo rentan para darles de comer.

Pero.

¿Y en la casa?

En cada hogar debería existir, en cada pared, un letrero que, grabado con fuego, dijera: A los niños no se les pega.

El golpe es el más infame acto de violencia que se puede tener con un niño, con un futuro adulto que caminará por las calles del mundo, porque lo desarma, le quita la propiedad sobre su cuerpo, porque destruye su autoestima, destruye su inteligencia.

Estamos inmersos en la cultura de la violencia, vemos como algo normal pegarles a los niños, insultarlos, sobajarlos, porque así nos educaron, porque antes todo era mejor, porque sin duda los niños son peor que animales y hay que enseñarles las cosas a chingadazos. Nadie defiende a un niño al que le pegan o que grita, todos pensamos que es un berrinche, o bueno, casi todos.

No podemos sorprendernos, entonces, de que a esos niños les parezca algo normal y regulado ser violentos, sobajar, insultar; si lo que les enseñamos desde la etapa más temprana es que no merecen respeto y que tienen que hacer los que les decimos por miedo, por obediencia; que aquello que está penado por la ley está permitido en casa.

No podemos sorprendernos.

Cada vez que un adulto le pega a un niño, cada vez que un adulto insulta a un niño, cada vez que un adulto ejerce una falsa autoridad por medio de la violencia debería preguntarse primero todo lo que hizo mal para que ese niño sea así, y antes que ejercer su barbarie de manera impune, tendría que emprender el camino de reeducarse, esa es la verdadera tarea de un padre, de un tutor, de un maestro.

Los niños llegan en blanco al mundo. Los niños son nuestra responsabilidad. Los niños son nuestro futuro. A los niños no se les pega.

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