Mi amigo, murió de pobreza

Mi amigo, murió de pobreza

“La pobreza es una situación o una condición social y económica de la población

que no le permite satisfacer sus necesidades básicas, ya sean estas físicas o psíquica”.

www.asociacionproade.org

Por Tihui Campos Ortiz

Estas letras las escribo con todo el dolor de mi corazón, porque he perdido a un amigo, no cualquier amigo, un gran amigo campesino que vivía muy lejos de mi ciudad, mi zona de confort, y que siempre que lo visitaba hacía lo posible por compartir y debatir conmigo dudas y preguntas que nos surgían en el largo tiempo que no nos veíamos. ¿Por qué una maestra como usted gana tan poquito? Mientras yo le respondía con las preguntas que me quedaban de mi última visita: ¿Entonces la roya nunca se va a ir? ¿Tienen que aprender a vivir con ella?

Él sabía que a mí me gustaban sus historias de migrantes, cómo se había ido del país, cómo habían cambiado las cosas después del 11 de septiembre, cómo se recuerda a la familia en un tiempo tan largo…  La paciencia y su amabilidad era lo que más lo destacaba, a veces veía como se reía con mis preguntas y comentarios, mi ignorancia sobre la naturaleza era tan grande, que no le quedaba más que carcajearse con mis preguntas.

Un día que llevé a mis alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de México a su comunidad, lo presenté como el académico rural que era, les dije: “Chicos, aquí en el cafetal, él es quien enseña” y las y los estudiantes no paraban de preguntar, desde como se hacía una composta, hasta opiniones políticas del momento, él siempre tenía una gran respuesta.

Un día mi amigo enfermó, me acuerdo que en algún mensaje alguien me comentó que estaba malo, pregunté inocentemente porque no iba al doctor y alguien me dijo, porque aquí no hay doctor ni medicamento para los que no pagan seguro. ¿y el seguro popular?  Ay Tihui… me dijeron para que yo entendiera que el sistema de salud de público de México los tenía en el olvido total.

Las siguientes visitas que hice a la comunidad lo vi mal, la comunidad, su comunidad, hizo lo posible por apoyarlo a él y a su hermosa familia para que mejorará. Nada fue suficiente, entraba y salía del hospital, siempre con cuentas y deudas elevadas, en lugar de estar mejor, todo empeoraba.

Un día me mandaron un mensaje que estaba muy mal, que el ya no quería regresar al hospital, quería estar en su casa, con los suyos y ahí morir. Hasta ahí me di cuenta que mi amigo estaba muriendo de pobreza, un campesino capaz, con conocimiento y con ganas de luchar y salir adelante por su familia y su entorno. Un campesino que pensaba en todos nosotros, conservacionista, que buscaba producir y muchas veces lo logró, un café de altura, calidad, sostenible y agroecológico. Murió en su casa, con los que más lo querían y sin la posibilidad de salir adelante, que si hubiera sido en otra ciudad y en otro momento no les estuviera contando su muerte.

Ahora que conozco más a la cadena, me da mucho dolor y rabia vivir esta dolorosa experiencia, mientras en la Ciudad de México un kilo de café puede costar hasta $500 pesos, a él ellos se los pagaron en $55 ¿Cómo es posible que la industria pueda dormir tranquila, ahorcando así a los productores de café del mundo?

Allá ustedes con sus tazas de porcelana, sus métodos caros, sus cataciones excluyentes, sus concursos petulantes y su café, que se cosecha con la vida de los campesinos mexicanos.

 

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